viernes, 29 de mayo de 2020

Acompañante terapéutico vía zoom

Un fallo exhortó a una obra social a brindarle la asistencia de un acompañante terapéutico a un niño con autismo. La misma se realizará a través de medios telemáticos durante la cuarentena.

En la causa “S. S. C. C/ U. P. (O.S.U.P.C.N.) S/AMPARO”, la Sala I de la Cámara Civil de Lomas de Zamora revocó la decisión de grado, concediendo la medida cautelar reclamada por la progenitora de un niño con diagnóstico de trastorno generalizado del desarrollo (TGD-Autismo).

En consecuencia, ordenó a la obra social a brindar al niño un asistente terapéutico de apoyo, aun cuando en la actualidad no se dicten clases presenciales, en tanto se sostuvo que la actividad docente continúa prestándose por medios telemáticos.

Los camaristas Javier Alejandro Rodíño y Carlos Igoldi admitieron los agravios del amparista, que cuestionó el rechazo de la medida cautelar solicitada sin haber evaluado el marco jurídico que rodea la controversia, señalando al respecto que el caso versa sobre el pedido formal de un niño con trastorno del desarrollo no específico —autismo— que requiere asistencia continúa de un auxiliar de apoyo a la inclusión escolar. 

La actora mencionó que V. requiere de dicho acompañamiento terapéutico durante todo el año escolar y aun cuando no concurra actualmente al establecimiento educativo —como todos los niños del país— por razones de la emergencia sanitaria, dado que al igual que los docentes, los profesionales cuya asistencia necesita continúan con la enseñanza a distancia bajo modalidades tales como zoom, videoconferencias, whatsapp, etc.

Afirmó que la posibilidad de daño al menor es real y concreta, ya que no sólo repercute en la salud del niño, pues también "la parte escolar influye en su bienestar general", agregando que "los niños autistas son chicos muy especiales a los cuales deben brindárseles todos los medios necesarios para su bienestar, tratamiento y educación".

El Tribunal afirmó que el interés superior del niño constituye el principal interés a tutelar, en tanto eje rector de todo el ordenamiento jurídico vigente en materia familiar y de niños, niñas y adolescentes, las interpretaciones jurídicas que pudiesen involucrar el adecuado sustento de ellos —sea económico, emocional, o cualquier otro— se encuentran exentas de cualquier tipo de suspensión de plazos, siendo obligada la intervención de las autoridades estatales llamadas por ley a protegerlos.

En la resolución se citó que  la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad asegura el derecho a la educación sin discriminación, y sobre la base de la igualdad de las oportunidades, a fin de desarrollar plenamente el potencial humano y el sentido de la dignidad y la autoestima y reforzar el respeto por los derechos humanos, las libertades esenciales y la diversidad humana.

En ese marco, la Cámara apuntó que dentro del marco excepcional que  se vive, "las autoridades educativas, docentes, alumnos y padres se encuentran transitando un camino de innovación, intensificando los esfuerzos destinados a aprovechar de la mejor manera posible las funcionalidades tecnológicas disponibles, utilizando herramientas novedosas como las "clases virtuales" por medios telemáticos (classroom, zoom, microsoft teams, whatsapp, telegram, google meet, etc), a fin de que los alumnos puedan continuar —en la medida de lo posible—, con el proceso de aprendizaje escolar".

"De modo que, en el contexto descripto, y sin perjuicio de entender que lejos de mitigarla la ausencia de clases refuerza la necesidad de asistenciaprofesional del jóven V.; en rigor verdad, se trata aquí de remover los obstáculos para que su condición de salud no sea un impedimiento para su desarrollo, ni se constituya en motivo —de hecho, e injusto—para su exclusión de la escuela primaria, gratuita y obligatoria que el Estado Argentino tiene el deber de garantizar", agregó el fallo.

Consecuentemente, el Tribunal concluyó que “se trata aquí de remover los obstáculos para que su condición de salud no sea un impedimiento para su desarrollo, ni se constituya en motivo —de hecho, e injusto— para su exclusión de la escuela primaria, gratuita y obligatoria que el Estado Argentino tiene el deber de garantizar”.


Conforme las normas vigentes se hace saber que las sentencias que se replican en este blog son de carácter público y sólo el órgano jurisdiccional del que emana la decisión impondrá limitaciones a su publicación por razones de decoro o en resguardo de la intimidad de la parte o de terceros que lo hayan solicitado de manera expresa.

jueves, 28 de mayo de 2020

Dr. Inhouse: la evolución de la telemedicina

Pacientes, médicos y financiadoras comienzan a reconocer el valor de la teleconsulta y a vislumbrar el futuro postpandemia.


Aunque hace tiempo que las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) transforman la cotidianidad y los diferentes modos de vida, la pandemia desatada por el COVID-19 puso la lupa en la necesidad de potenciar su impacto en la salud. Aunque no son tendencias nuevas y tienen más de dos décadas en el mundo, la telemedicina y otras estrategias de telesalud explotaron como opción de atención ante la actual crisis sanitaria para contribuir en la relación entre pacientes, médicos e instituciones.

La telemedicina en el país aún genera dudas porque no está regulada por ley y, además, porque es desconocida para gran parte de la población. De hecho, a través de la Resolución 282/2020, publicada en el Boletín Oficial el 1 de abril, se dejó expuesto que, frente al contexto actual, el uso de plataformas de teleasistencia hoy garantice las prestaciones esenciales e impostergables, así como la continuidad de tratamientos que, de interrumpirse, empeorarían el cuadro de base. A esta resolución se sumó el desarrollo del programa Telecovid para la atención a distancia de los casos de Coronavirus que no requieran internación.

También es reciente la creación en la Argentina de la Dirección Nacional de Sistemas de Información de Salud, que establece las recomendaciones necesarias para el uso de la telemedicina. La intención de este organismo se centra en “disminuir las brechas de recursos y desarrollos tecnológicos, aumentar las autonomías provinciales, integrar subsistemas y su información mediante la utilización de estándares y procesos; y crear un marco de ciudadanía sanitaria para el ejercicio de la autonomía personal”, indica la abogada Marisa Aizenberg, docente, investigadora y directora académica del Observatorio de Salud de la Facultad de Derecho de la UBA.

Telesalud y telemedicina no son sinónimos. La primera “es una estrategia sanitaria que promueve un conjunto de actividades relacionadas con la salud mediante el empleo de las TIC, donde la distancia resulta un factor relevante y permite la mejora en el acceso y la calidad de la atención de la población”, define Aizenberg. La telemedicina, así como la teleducación, la telegestión y la teleinvestigación, entre otras, son distintas expresiones de telesalud. En cada una de ellas “habrá que reflexionar sobre el marco normativo más adecuado. Pero, en realidad, el impacto de las tecnologías en el sector nos obliga a revisar esos marcos legales para ampliarlos hacia el complejo concepto de salud digital, que incorpora otros componentes tales como la inteligencia artificial, apps, robótica, medicina personalizada de precisión, blockchain, realidad virtual y aumentada, entre otros”, profundiza.

La teleconsulta puede darse entre un paciente y un médico o entre profesionales de la salud. Es la herramienta de mayor uso, ya que representa el 35% del total de las redes de telemedicina, según indica Roberto Cerutti, presidente de la Asociación Argentina de Cirugía y coordinador del Programa de Telemedicina del Hospital Británico de Buenos Aires. La comunicación puede realizarse en tiempo real o a través del envío de información para ser analizada por un especialista que luego dará una devolución al paciente.

El covid-19 dejó en evidencia que un virus desarma el sistema, por eso ahora comienza a pedirse que la salud incorpore la telemedicina

Uno  de los beneficios que conlleva  es que  disminuye la ansiedad y la preocupación de los pacientes, ya que no se sienten descuidados y reciben respuestas a sus inquietudes sin necesidad de traslados y con el consecuente ahorro de tiempo, gastos y situaciones imprevistas. También previene el contagio de enfermedades virales al disminuir la exposición a salas de espera. Otra ventaja es que permite continuar con controles, atender a quienes viven lejos de centros médicos, y en tiempos de pandemia amortigua parte del impacto económico que significa para los centros privados la merma de consultas presenciales.

El Hospital Garrahan fue pionero en el país al crear, en 1997, la Oficina de Comunicación a Distancia (OCD) e iniciar el trabajo en telesalud “con el objetivo de contribuir a la democratización del acceso a la salud de calidad”, explica Tony Luna, coordinador de Redes y Comunicación a Distancia de la institución. La iniciativa fue del doctor Mauro Castelli, entonces director médico ejecutivo del Garrahan, quien aprovechó las posibilidades que por entonces brindaba el telefax. Así, lograba “evitar que los pacientes y sus familias tuvieran que viajar desde las provincias”, agrega Guillermo González Prieto, presidente del Consejo de Administración del hospital. En la práctica implicaba poner-e en contacto con el médico que se hacía cargo de un chico con una patología compleja en el interior del país, para que enviara un fax con sus datos clínicos. Un médico lo compartía con los especialistas para que, mediante otro fax, hicieran sugerencias de tratamiento o diagnóstico.

A su vez, los faxes se sumaban a la historia clínica para dejar asentada la intervención. “Pronto esto fue creciendo. Hoy, 23 años después, es un área grande del hospital, con salas para interconsultas, con el paciente presente de manera virtual y con hasta tres médicos. El objetivo se mantiene, pero ahora existe un convenido con más de 300 hospitales y centros de salud pediátricos”, destaca González Prieto. Así, se fortaleció la atención en origen y se favoreció “la formación continua y el trabajo colaborativo, tanto entre instituciones como al interior del mismo hospital”, apunta Luna. De hecho, en el Garrahan hacen telegestión para que otras instituciones sepan cómo armar un servicio de Neonatología, por ejemplo, o cómo manejar el área de Farmacia, entre otras claves para el funcionamiento de un centro médico. Por otra parte, a partir del COVID-19 y la suspensión de los consultorios externos, la teleconsulta se volvió fundamental. “La herramienta va a evolucionar legitimando algunos aspectos del cuidado y del ahorro de recursos, pero también va a demostrar la importancia de la consulta presencial”, sentencia González Prieto.

Tampoco en el Instituto Fleni la telemedicina es una herramienta nueva. Su director médico, Claudio Pensa, indica que desde hace unos siete años hacen telestroke para que, mediante un equipamiento y software instalados tanto en el Fleni como en otros centros de menor complejidad, el instituto pueda recibir consultas sincrónicas. Así, frente a un paciente con un ACV a 800 kilómetros, por ejemplo, los profesionales pueden recibir y analizar sus imágenes cerebrales y brindar diagnósticos acerca de posibles tratamientos. Pero la pandemia precipitó una telemedicina que aún no tenía desarrollada el Fleni pero que creó en tiempo récord. Se trata de una plataforma para teleconsultas a través de la cual el paciente solicita un turno para una consulta virtual. Además, para evitar los efectos colaterales de la pandemia, se instauró un seguimiento remoto para conocer el estado de los pacientes, dado que por miedo los individuos con otro tipo de patologías dejaron de consultar sobre sus tratamientos. “Las consultas cayeron de 25.000 a 1.500 mensuales. Entonces, las distintas especialidades hacen un trabajo muy arduo para establecer grupos de riesgo mayor, intermedio y bajo. Se sobreestimó el cuidado por la pandemia y se subestimó el de las enfermedades preexistentes”, afirma Pensa.

Coincide con su diagnóstico Mariano Benzadon, director de Calidad y jefe del departamento de Innovación de ICBA (Instituto Cardiovascular de Buenos Aires): “La mortalidad en diferentes países aumentó más de lo que se puede justificar por muertos por COVID-19”. De allí la importancia de la teleconsulta para detectar en qué casos los pacientes sí tienen que acercarse a los centros de salud. En este sentido, Benzadon advierte que, por ejemplo, “la mortalidad por infartos se triplicó en el mundo. En Argentina bajó a la mitad la cantidad de pacientes que se hacen angioplastias por infartos, por ejemplo. ¿Dónde están? O se están muriendo o quedan con un corazón más deteriorado”. El ICBA tiene un programa de telemedicina desde hace tres años cuyo principal componente es la consulta virtual. Pero de tener 150 teleconsultas por mes, atendidas por 18 médicos; pasaron a tener 150 por día, con 126 especialistas. Además, desde 2019, trabajan en un proyecto de telemedicina e insuficiencia cardíaca para telemonitoreo. El paciente tiene balanza, saturómetro y tensiómetro digital. Cada vez que los utiliza, la información se transmite a través de bluetooth a ICBA y allí pueden detectar, incluso antes de que el paciente tenga síntomas, que está por descompensarse.

La telemedicina aún genera dudas porque no está regulada por ley y por ser desconocida para gran parte de la población local.

Por otra parte, en el Hospital Británico de Buenos Aires, Cerutti comenzó a hablar sobre las bondades de esta herramienta dos años atrás. Cuando finalmente la institución estaba lista para avanzar con alternativas de telesalud, como la teleducación y la telegestión, apareció la pandemia. Incluso habían pensado en un sistema de padrinazgo de hospitales lejanos que consiste en hacer, a distancia y con un terapista de esta institución, las recorridas médicas para chequear a los enfermos y discutir diagnósticos. También podrían colaborar en el armado de servicios, compartir sus ateneos e incluso su comité de ética. “Hay un panorama muy amplio con el cual se puede trabajar”, asegura. Por ahora monitorean a los adultos mayores y a pacientes con enfermedades crónicas que están en sus domicilios. Además, con la situación actual, el hospital activó teleconsultas en dos etapas. Primero, espontáneas en 28 servicios, donde más del 50% están ligadas a clínica médica, pediatría y cardiología. La segunda se inició en mayo y consiste en teleconsultas programadas con unos 200 médicos.

“El sector salud es muy impermeable a la adopción de nuevas tecnologías. El COVID-19 dejó en evidencia que un virus desarma el sistema. Ahora todo el mundo empieza a hablar de que la salud debe incorporar telemedicina cuando hasta ahora había altas barreras”, explica el empresario Guillermo Pepe, director de Mamotest, la primera red de telemamografía de América Latina. A través de ella se atienden por telediagnóstico 60.000 mujeres al año. Por esto obtuvo varios reconocimientos, entre ellos el del Colegio Americano de Radiología, el Global Humanitarian Award 2019, por democratizar el acceso en países de renta media y baja.

Al mando de la Fundación TelMed, con la llegada del coronavirus, Pepe puso a disposición de hospitales de Argentina, Colombia y Chile a radiólogos y a su plataforma para hacer diagnóstico a distancia, otorgar una segunda opinión y aliviar el sistema de salud. “No solo logramos que se diagnostique rápidamente una neumonía por Coronavirus, también evitamos que el médico se exponga”, destaca. Hoy tiene siete hospitales conectados y 300 médicos registrados, lo que implica capacidad para telediagnosticar 500 estudios diarios de manera gratuita.

En el interior del país también crecen las iniciativas que vinculan tecnología y salud. En Bahía Blanca, por ejemplo, está Cedic, un centro de referencia en estudios diagnósticos especializado en la salud del corazón. Allí hace cinco años que tienen digitalizadas las historias clínicas, las cuales pueden ser compartidas con los pacientes, quienes también pueden consultar sus resultados por internet. Además, hace tiempo que realizan teleeducación. Pero con la llegada de la pandemia, incorporaron el servicio de teleconsulta. “Si vi por primera vez a un paciente y le hice estudios, luego de analizarlos le hago una devolución por mail o videollamada para, en función de todo lo valorado, poder indicarle cuál es la conducta que debería seguir”, detalla el director de Cedic, Fernando González Pardo. 

Por su parte, DOC24 es “la primera empresa argentina totalmente enfocada en telemedicina”, según asegura su CEO, Pablo Utrera. Su servicio de teleconsulta fue lanzado en septiembre de 2016 y cuenta con servicio de videoconsultas de demanda espontánea, las 24 horas, en clínica médica y pediatría. También las hay programadas en casi cualquier especialidad. Utrera asegura que la coyuntura epidemiológica permite que cada vez más médicos y pacientes entiendan las virtudes de la telemedicina por experimentarla ellos mismos. De hecho, en DOC24 las teleconsultas aumentaron más de cuatro veces el volumen habitual. Hoy tienen más de 2.000 diarias. “Eso nos obligó a escalar la cantidad de profesionales, particularmente en las horas pico”, revela Utrera, e indica que “el mercado está comenzando a dejar su fase de introducción y metiéndose de lleno en una de crecimiento”.

Entre las dificultades que viene enfrentando la telemedicina en el país, se halla la falta de comprensión a la hora de visibilizarla como un acto médico que, además, requiere de condiciones para hacerse de manera adecuada. De hecho, recién ahora una decena de obras sociales y empresas de medicina prepaga como Medife, OSDE y Swiss Medical reconocen la telemedicina. Pero lo cierto es que, en general, la remuneración de la consulta virtual aún es lenta, según advierten los médicos. Y demandan que una vez que sea superada la pandemia, la teleconsulta siga siendo una herramienta viable. En este sentido, el doctor Benzadon explica que el temor de muchos financiadores “es que la consulta se dispare en términos galácticos. Pero eso no va a pasar porque no se trata de una llamada de Whatsapp. La gente tiene que pedir turno y las agendas son acotadas. Va a abaratar costos al sistema. Hay que ponerse de acuerdo y hacer de esta promesa una realidad concreta. Se abrió un espacio de atención que debe ser sustentable”, opina.

Sin embargo, hasta ahora no solo eran reticentes los financiadores. “El problema que notamos es que el nivel de adherencia por parte del paciente es bajo porque está acostumbrado a tener el número de teléfono del médico y a no pagar por ese servicio. Al mismo tiempo, hay un poco de resistencia de los profesionales. Es que falta un marco legal que indique cómo debe ser la recolección y archivo de datos y cómo se protegen los derechos del paciente, entre otras cuestiones. Incluso falta un marco evaluativo de la calidad del servicio”, reflexiona González Pardo, desde Cedic. “La pandemia dejó al desnudo que desde lo regulatorio hay mucho por hacer. Ya hay varios proyectos de ley que están siendo elaborados, y eso va a terminar de instalar a la telemedicina como parte de la práctica médica cotidiana. Pronto dejaremos de hablar de telemedicina para hablar de medicina conectada”, comenta Utrera.

La Argentina está frente a una oportunidad para establecer un cambio, no solo en la asistencia, sino también en los pacientes, en el sentido de reconocer que todas esas preguntas que se les responden a distancia forman parte de un acto médico formal con implicancias legales.

Lo cierto es que la telemedicina llegó para quedarse. “Está cambiando el paradigma. Hoy ya se considera inadmisible ir a buscar estudios. Pronto, a un paciente que vive lejos también le va a parecer absurdo ir a buscar una receta o hacer determinadas consultas”, concluye Benzadon.

Una voz entre los financiadores

Desde julio de 2018, Swiss Medical tiene vigente un servicio de telemedicina para complementar la atención presencial. Para ello desarrolló una plataforma virtual integrada a la historia clínica del paciente, que permite realizar órdenes para exámenes y carga de archivos enviados por el paciente. “Fue el primer teleservicio del país capaz de generar recetas digitales”, asegura Ariel Almada, jefe médico de Pediatría de Swiss Medical Center.

De esa manera, lograron reducir las consultas en las guardias. Para poner en marcha la telemedicina determinaron alcances y limitaciones, generaron manuales de atención basados en lineamientos internacionales, se enfocaron en la identificación de señales de alarma y pesquisa de síntomas, y desarrollaron un circuito de respuesta ante eventuales emergencias detectadas durante la consulta virtual. Con la pandemia, el rol preponderante de la telemedicina se reflejó en números. En enero y febrero se atendieron, por mes, unas 420 consultas virtuales, se incrementaron un 600% en marzo (2.580 atenciones), y se multiplicaron por 20 en abril (11.119). Por eso sumaron a 57 médicos, habilitaron 22 puestos de atención y permitieron consultas también los fines de semana y feriados. Así, lograron disminuir un 90% las atenciones en las guardias. Almada destaca que se implementó un formulario web para que los mayores de 60 años puedan acceder a las recetas de su medicación habitual sin tener que salir de sus casas.

Existe un programa simular para anticonceptivos. Entre los desafíos, el especialista indica que “hay que adaptarse al cambio de paradigma de atención médica. Sin dudas la tecnología avanza mucho más rápido que nuestra capacidad de aceptación.

Quizás la pandemia sea el puntapié inicial para la transformación”. El rol del médico es cuidar la salud del paciente y guiarlo y acompañarlo para su recuperación si está enfermo. “Para eso todos los canales son válidos”, concluye.

Fuente: Forbes (Especial Healthcare)

miércoles, 27 de mayo de 2020

Telemedicina ¿Cuidado o riesgo para la salud?

Micaela N., de 35 años, estaba sola en su departamento el lunes a la madrugada cuando la atacó un dolor abdominal y necesitó un médico. A esa hora no podía llamar a su clínico y la opción de ir a una guardia, por el coronavirus, la atemorizaba. Entonces, recordó un mail de su obra social sobre atención médica a distancia. Lo buscó, bajó una aplicación en su celular y siguió las instrucciones para realizar una consulta virtual. "Me atendió un médico y me afirmó que se trataba de una infección urinaria. Me recomendó hacer un análisis de orina, tomar un antibiótico y esperar a que se pasara. No sé si fue telemedicina, pero me vino bien, porque quería evitar salir a esa hora", cuenta a LA NACION.

La calidad de la atención médica virtual depende del acceso a la tecnología y la preparación en salud digital del profesional

La telemedicina, coinciden los expertos, es cualquier tipo de atención sanitaria a través de las tecnologías de acceso a la información. La Organización Mundial de la Salud (OMS), que investiga el tema desde sus inicios, hace más de veinte años, la define como "el uso de las tecnologías digitales para la salud".

Si un paciente le envía a su médico una foto de su pie inflamado y el médico le responde con un diagnóstico o una recomendación, ese acto puede ser considerado como una forma de atención telemática de la salud. Incluso si lo describe por teléfono. También se consideran como tal el uso y el desarrollo de herramientas digitales para servicios y actividades. Por ejemplo, la historia clínica digital, las recetas virtuales, la educación y la investigación en salud.

Pero aunque la definición es unánime, en la Argentina la telemedicina acarrea un debate hace años, según pudo comprobar LA NACION a través de documentos estatales, privados, entrevistas con fuentes médicas, empresariales, estatales y educativas relacionadas con el mundo de la "cibersalud".

El debate

La discusión tiene eje en la forma en que se implementa la telemedicina. Los modelos más elaborados cuentan con médicos intermediarios, plataformas digitales específicas, sistemas de acceso seguro, equipos de medición y fotografía y profesionales certificados en la materia.

La calidad de la atención médica virtual depende del acceso a la tecnología y la preparación en salud digital del profesional (y, en buena parte, del paciente). También de la organización de los procesos, la seguridad de los datos, la regulación... y la lista sigue.

Dos días después de la consulta virtual, Micaela se sentía mejor de la infección, pero aún tenía dolor. Así que, en un horario más cómodo, llamó a su médico de cabecera. "Por el tema del coronavirus, me hubiese dejado más tranquila la consulta telefónica, pero me dijo que sí o sí un médico tenía que verme en persona para palparme. Como el jueves siguiente él atendía, quedamos en que fuera al consultorio", relata.

El doctor Gabriel Barbagallo, presidente de la Asociación Civil de Telemedicina de la República Argentina (ACTRA), es uno de los principales promotores de la cibersalud en el país. "Las plataformas de telemedicina tienen que ser robustas y aprobadas por las autoridades. La telemedicina no reemplaza la actividad asistencial, sino que es una herramienta más. Y no es una especialidad, sino una forma de brindar accesibilidad, de forma sanitaria y sustentable, que baja los gastos de movilidad, etcétera", asegura el médico, que además es gerente de Relaciones Institucionales de OSDE.

La instrumentación ideal, según Barbagallo, "implica que el profesional esté familiarizado con la herramienta y que ésta sea segura, confiable, confidencial y fácil de usar ". Antes de la pandemia, el 85 por ciento de las videoconsultas en OSDE se resolvían sin consulta presencial. Ahora el porcentaje es del 90 por ciento, precisa.

No hay debate a la hora de resaltar la importancia de que la plataforma sea adecuada y de que los médicos estén preparados en atención virtual. En la Argentina, la capacitación en este sentido es casi inexistente.

"La falta de formación en telemedicina en las universidades nos ocupa y nos preocupa", indica Emiliano López, asesor del Centro Universitario de Investigaciones en Telemedicina y Salud de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, creado en 2014. "Modificar la currícula de una universidad masiva tiene procesos administrativos no sencillos, pero nosotros somos impulsores y promotores del uso de la tecnología para la educación, la asistencia y la investigación en telemedicina. El deseo está presente", afirma.

No está claro qué tipo de sistema se implementará definitivamente en el país, pero ya hay varios vigentes. Un ejemplo es el de la plataforma Llamando al doctor, creada hace tres años y medio por Ingrid Briggiler, hoy CEO de la compañía, quien tiene un staff de 60 médicos propios y trabaja con importantes prepagas, clínicas y servicios de salud. El 75 por ciento de las consultas, asegura, se resuelve de forma virtual, sin ningún contacto presencial con los pacientes. El resto es derivado a un consultorio.

"Hay consultas que no ameritan un examen físico", sostiene Briggiler, médica tocoginecóloga y presidenta de la Cámara Argentina de Tecnología y Salud, creada el año pasado. " Entre muchas otras cosas, esto evita las demoras en los turnos. Si llamás a un médico y te da hora para dentro de 25 días, cuando llega ese momento ya no estás más enfermo", argumenta.

Desde el aislamiento, la demanda creció más que nunca: pasó de registrar 200 llamadas por día a 1500 y debió aumentar su equipo de profesionales.

Otras herramientas, como Dr Call, que tiene base en Córdoba, brindan un servicio de posterior a la consulta. La dinámica es simple: el médico conoce a su paciente personalmente, hace su diagnóstico, y luego ambos utilizan la aplicación para consultas remotas posteriores. La plataforma se lleva un porcentaje del precio de uso del servicio.

"Los médicos no quieren que solo se conozca al paciente virtualmente y se lo diagnostique porque puede ser peligroso", explica su CEO, Andrés de León, quien desarrolló la plataforma hace cuatro años y lleva dos en el mercado. "Para crearla, seguimos de cerca lo que piensan las entidades deontológicas y éticas sobre este tipo de consultas y servicios. Más puntualmente, las cuestiones legales. Lo más importante, para nosotros, es hacer telemedicina de forma correcta", enfatiza De León.

El boom en la pandemia ... ¿y después?

En los últimos dos meses, en medio de la emergencia por el coronavirus, incluso los médicos más críticos coinciden en que la telemedicina ayuda a brindar atención de salud evitando la exposición a los contagios por contaminación cruzada en los consultorios o centros médicos.

De hecho, el Poder Ejecutivo recomendó la utilización de la telemedicina durante la pandemia, a través de una resolución de la Superintendencia de Seguros de Salud publicada los primeros días de abril. Y ayer, el gobierno de Alberto Fernández relanzó el Tele-Covid, un servicio de consultas médicas a distancia para personas sin obra social por medio de videollamadas.

La polémica aparece cuando se habla de la aplicación de la telemedicina post-cuarentena. Las voces que cuestionan la modalidad advierten que sería "irresponsable" tomar decisiones médicas que afectan las vidas de los pacientes con menos información de la que podría obtenerse en un encuentro en persona.

Como el médico de Micaela, son muchos los profesionales que prefieren evitar ejercer de manera virtual. "El factor presencial para el trabajo del médico es todo", resume Mauricio Eskinazi, titular del Consejo Federal de Entidades Médicas Colegiadas (Confemeco). Aunque aclara que en la situación excepcional de la pandemia puede ser la mejor respuesta, cuestiona su uso en situaciones normales. Sobre todo para la primera consulta.

"Cuando recibo a un paciente, desde el comienzo evalúo su estado general. Desde el saludo, con un beso o un apretón de manos, detecto si está decaído o tiene fuerza, si está caliente o transpirado, si tiembla. El médico es un detective en potencia ", describe Eskinazi. Médico pediatra con 37 años de experiencia en el Hospital Paroissien de La Matanza, asegura que la medicina a distancia es "inviable" para hacer diagnósticos. Aunque sí la considera útil, en algunos casos, para hacer seguimientos de patologías de pacientes.

Desde la Confederación de Médicos de la República Argentina (Comra) mantienen una postura similar. Señalan que la telemedicina es una buena herramienta para monitoreo, pero rechazan de plano su utilidad para hacer un diagnóstico.

"La primera consulta virtual por razones geográficas o con motivo de la pandemia, se justifica, pero rechazamos los "call-center de médicos". En cambio, privilegiamos el contacto con los médicos de cabecera, que pueden reconocer mejor las patologías", dice Jorge Iapichino, directivo de la Comra.

Desde la Federación de Médicos de la provincia de Buenos Aires (Femeba) consideran que la telemedicina es "una buena herramienta", pero señalan que se debe realizar con ciertas normas predeterminadas. "La atención virtual no puede ser improvisada. Y todas las actuaciones deben quedar asentadas en la historia clínica del paciente, sea electrónica o por ficha. Las pautas deben ser iguales a las presentes en la atención presencial", sostiene Verónica Schiavino, miembro de Femeba.

Llegar al interior

Una ventaja en la que coinciden todas las fuentes consultadas, es la "accesibilidad", sobre todo en un país donde la falta de médicos en el interior es un problema grave que lleva décadas y ningún gobierno logró solucionar. Cada año, pacientes deben viajar miles de kilómetros para obtener la atención de los especialistas, que están concentrados en las grandes ciudades. Y muchas veces los diagnósticos no se hacen a tiempo.

La primera experiencia de telemedicina en el país estuvo destinada a paliar esta desigualdad, que muchas veces es la diferencia entre la vida y la muerte. El protagonista fue el Hospital Garrahan, que hace 20 años comenzó a implementar un sistema de seguimiento de pacientes de alta complejidad a través de interconsultas con médicos del interior.

Hoy, ese modelo sigue vigente y es considerado un caso paradigmático de la aplicación de la telesalud en la Argentina. Básicamente, porque permite a chicos de pueblos alejados de las ciudades, donde faltan especialistas, acceder a la mejor atención disponible. La interacción se produce entre dos médicos que se comunican entre sí. Uno está en contacto directo con el paciente. El otro, no.

La modalidad implementada en el Garrahan es similar a la que se usa en algunos países desarrollados. Por ejemplo, en España. "Aquí el paciente va a su médico de familia, quien le toma una foto, y a través de una plataforma segura se la hace llegar al dermatólogo junto a la historia clínica", describe el doctor David Ramírez Moreno, presidente de la Asociación Internacional de Teledermatología y jefe de servicio en el Hospital Universitario Virgen Macarena, de Sevilla.

Desde 2004, Ramírez Moreno promueve la telemedicina en España y el mundo, y asegura que la mejor forma de ejercerla es a través de la atención "indirecta". De hecho, aplica este método todos los días en su servicio y brinda clases sobre cómo hacerlo en distintos países. "Desde el hospital, en base a la información que le provee el médico de familia, el especialista toma una decisión. Puede dar un tratamiento o pedirle al paciente que vaya al hospital para una consulta convencional. Esta es la mecánica habitual, aunque con el Covid tuvimos que hacer telemedicina directa", plantea.

Habilitación y regulación

Si bien hubo propuestas de regulación de la telemedicina, no existe en el país una ley al respecto. El año pasado, el Ministerio de Salud creó el llamado "Plan Nacional de Telesalud" y emitió pautas para el "uso de la telemedicina". "Tratamos de que pudiera existir sin necesidad de una ley. Pensábamos en un sistema seguro en el que estuviéramos todos de acuerdo. Pero empezó a haber resistencia de agrupaciones gremiales que veían a la telemedicina como una herramienta que los empleadores podían usar para disminuir la calidad de la atención. Y si hay una discusión, tal vez tiene que haber una ley", señala el actual asesor de la OMS, Alejandro López Osornio, que participó de la confección de ese plan.

El brote de coronavirus apura ahora algunos tiempos. El proceso regulatorio, que avanzaba con lentitud, se aceleró por necesidad en los últimos meses. La semana pasada, la Cámara de Diputados dio media sanción a un proyecto ley que incluye la teleasistencia, impusado por el tucumano Pablo Yedlin, presidente de la Comisión de Salud.

En paralelo, en el Senado empezó a tratarse un proyecto de ley del jujeño Mario Fiad para regular la actividad. El texto de la iniciativa, más amplia que la originada en la Cámara baja, define qué es la telesalud, las condiciones de implementación, las prácticas que se pueden realizar, propone la creación de una historia clínica electrónica, regula la receta digital y cualquier otro documento que pueda emitirse a nivel sanitario. También abarca aspectos de ciberseguridad y aquellos relacionados con los seguros médicos por mala praxis, entre otras facetas que preocupan a los profesionales.

"Con esto no pretendemos reemplazar la relación médico-paciente, sino subsanar circunstancias como la pandemia o la distancia geográfica. Con la telemedicina se puede lograr mayor accesibilidad. Pero escuchamos a todos los actores, incluso los más reticentes", indica el senador Fiad a LA NACION.

La directora académica del Observatorio de Salud de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Marisa Aizenberg, trabaja en el análisis de la regulación de la tecnología aplicada temas sanitarios y suma nuevos elementos de análisis. "La consulta por medios virtuales no está aislada de la normativa sanitaria general. Hay leyes que dan derechos del paciente, que exigen consentimiento informado y registros en la historia clínica. Hay una ley de protección de datos personales. Y la pregunta es cómo incorporar procesos de acceso a la salud virtual que garanticen el cumplimiento de estas leyes", reflexiona la abogada.

Además de la privacidad, la confidencialidad y el secreto médico, es fundamental la regulación sobre los ámbitos de acción de los médicos. "Con la telemedicina, el tiempo y el espacio se borran. Un paciente puede estar en un lugar físicamente y el médico en otro. ¿Qué pasa con la matrícula? Si un médico atiende virtualmente a alguien de una jurisdicción extraña, ¿comete un delito?", se pregunta Aizemberg.

Y concluye: "La telemedicina en el mundo es un debate viejo. Ya no se discute. La transformación digital va a causar una verdadera modificación y los gobiernos deberán tener organismos que incorporen mecanismos de transformación de lo analógico a lo digital, siempre con una mirada de justicia, equidad y derechos."

Fuente: La Nación

martes, 26 de mayo de 2020

Los precios de los medicamentos no aumentarán hasta el 30 de junio

El Gobierno alcanzó un acuerdo con los laboratorios para congelar el precio. No se descarta con luego del 30 de junio continúe.


En el marco de la pandemia de coronavirus, el Gobierno alcanzó un acuerdo con los laboratorios para congelar hasta el 30 de junio el precio de los medicamentos. El compromiso fue gestionado por el ministro de Salud, Ginés González García.

El acuerdo apunta a mitigar el impacto económico que la cuarentena obligatoria por la pandemia de Covid-19 está teniendo, principalmente en los sectores de menos recursos. Y no se descarta con luego del 30 de junio continúe.

Cabe recordar que ya el ministro había firmado a fines de febrero un acuerdo con los laboratorios para que los precios de los remedios se retrotrajeran al 6 de diciembre pasado.

La industria farmacéutica argentina tiene una participación del 4,9% en el Producto Bruto Interno Industrial, da ocupación directa a 43.000 personas y en forma indirecta a otras 120.000, con 210 laboratorios y 190 plantas manufactureras de las cuales 160 son nacionales y 30 extranjeras.

Fuente: Ámbito