Columna de Actualidad de la Dra. Marisa Aizenberg

La salud en perspectiva de género

Algunos puntos de partida:

-Las mujeres, pese a tener una esperanza de vida mayor que los hombres, muestran mayores índices de morbilidad.

-El sector salud evidencia un predominio de mujeres que no se refleja en la representación de cargos de decisión, remuneración y prestigio.

Estos datos por si, junto a otros que serán relevados, prueban la existencia de asimetrías estructurales de género que representan algún tipo de subordinación, desventaja o discriminación en contra de la mujer, coincidente con el valor que nuestra cultura aún asigna a la diferenciación de roles y responsabilidades por sexo. Son los paradigmas sociales de la feminidad y masculinidad vigentes todavía.

Es dable destacar que estas situaciones se presentan bajo una doble perspectiva, intra y extramuros, la mujer como objeto y sujeto del sistema de atención sanitaria.

El sector de la salud presenta una tendencia hacia la feminización y cada año son más numerosas las matrículas femeninas en las universidades, sin que se haya revertido el hecho de que el ingreso promedio de la mujer sea más bajo que el de sus colegas hombres. Esta discriminación, se reproduce también en las categorías consideradas en su génesis femeninas, como ocurre con la enfermería. En 2016 se registró una brecha de casi el 20% entre hombres y mujeres profesionales y del 13% en cargos técnicos(1).

Hay brechas en las especialidades médicas que comienzan en el sistema de residencias y va marcando un código de prácticas formativas, pensado para varones. Hay determinadas especialidades masculinizadas (quirúrgicas, traumatología, urología, angiología) y ello no parece aleatorio. Están definidas por características de control, autoridad, manejo de situaciones extremas, atribuidas al hombre, y todas ellas de mejor ingreso. En cambio, quedan reservadas a la mujer las especialidades con atributos vinculados a la contención, empatía y cuidado (pediatría, dermatología, genética).

En cuanto al acceso a los puestos de decisión los hombres encabezan los cargos de jefatura y dirección aunque con un tímido progreso de mujeres dado su calificación y antigüedad en el cargo. Entre 2003 y 2016 se incrementó el porcentaje de mujeres jefas y directoras del 3,9 al 6,2%.

En los gremios médicos predominan, en su comisión directiva, los hombres.

La inserción laboral de la mujer se realiza en forma mas tardía que el hombre. La demora en el termino promedio de la carrera (maternidad, responsabilidad en el cuidado y organización del hogar) oscila entre 35 y 49 años, frente a 27/35 años en los hombres.

A pesar de esta creciente feminización en salud, la tarea de cuidado sigue en cabeza de las mujeres, en una labor no remunerada ni reconocida.

Estos hechos forman parte de un fenómeno global donde la escasa participación femenina en ámbitos de decisión política imposibilita a la mujer el ejercicio de un poder de negociación legitimo para introducir discusiones en las competencias de actuación, especialidades médicas, condiciones de trabajo, edad y adecuación de políticas de desarrollo del sector.

Párrafo aparte merece el rol que debe otorgarse al creciente uso y desarrollo de tecnología en salud, que ha creado un proceso de toma de decisiones, alejadas de la información de la mujer como paciente y como profesional, que contribuye a crear nuevas barreras en la equidad de género.

Por su parte, en la mujer como paciente se puede distinguir una especial y variada problemática que la acompaña a lo largo de toda su ciclo vital: niñez, adolescencia, reproducción, vejez.

Tampoco es homogénea la composición de la categoría de género hacia su interior. Existen variaciones y mayores vulnerabilidades vinculadas a la pertenencia a determinados grupos étnicos o religiosos, clase social, nivel de educación alcanzado, entre otros.

El proceso de medicalización no es ajeno a la perspectiva de género. Luego de la consulta médica, las mujeres reciben, en general, más recetas que los hombres. Se ha comprobado que se prescribe mayor número de psicotrópicos, ansiolíticos, sedantes, hipnóticos y antidepresivos a la mujer.

En el ámbito legislativo se perciben algunos avances en la temática, pero el proceso está lejos aún de considerarse adecuado en materia de normas protectorias. No solo debe avanzarse en el acceso a la atención de salud, sino hacia entornos que protejan a la mujer de cualquier tipo de violencia y garanticen la igualdad real de derechos y oportunidades.

En este orden, la garantía del cumplimiento de derechos lleva ínsitas obligaciones y responsabilidades por parte del Estado en materia de políticas públicas para respetar, proteger y garantizar los derechos de la mujer en el sector salud, eliminado obstáculos para su efectivo ejercicio.
Es por esto que necesitamos pensar en un futuro donde la equidad de género se traduzca en un principio orientador en el campo de la salud, reconocido y compartido por la sociedad.

Se requiere además, que se otorgue a las mujeres el protagonismo en una nueva ética del desarrollo, impulsando mecanismos de participación democrática que permitan el ejercicio de los derechos ciudadanos plenos y sin restricción de categorías.

Introducir la consideración de género en el quehacer de la salud nos coloca frente a nuevos desafíos sociales, culturales, políticos, económicos, legislativos, como fuerza transformadora del trabajo de la mujer, para construir una sociedad más justa.

Referencias:
(1) Género en el sector Salud: feminización y brechas laborales. PNUD 2018

Por: Dra. Marisa Aizenberg
Directora Académica
Observatorio de Salud
Facultad de Derecho
Universidad de Buenos Aires

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